Las reinvenciones profesionales son más frecuentes de lo que uno piensa. Y en todos los casos generan ansiedad, preocupación. Hace poco estaba hablando justamente de esto, de cómo la inteligencia artificial va a provocar más transformaciones profesionales de las que vimos en las décadas anteriores. Genuinamente quiero saber cómo lo están afrontando ustedes, qué sienten con esto. Pero primero les cuento mi caso.
De joven quería ser científico. Estudié microbiología, me encantaba, incluso estuve a punto de ser investigador en Inmunología o biotecnología. En el camino, por varias razones, decidí cambiar por completo mi rumbo y trabajar en la industria. Ese salto no fue fácil. Pasé meses esperando que surgiera una oportunidad, creyendo en algo que todavía no tenía forma.
Cuando por fin llegó la primera oportunidad de trabajar en la industria, no descansé. Aprendí todo lo que pude, me especialicé, tomé cursos complementarios, me puse a estudiar por mi cuenta. Tuve la fortuna de tener un primer jefe que me sacó completamente de mi zona de confort, un chico de veintiún años que había estudiado ciencias, de pronto aprendiendo comercial, ingeniería, supervisión en plantas industriales, trabajo de taller, fabricación de equipos, revisión de normas técnicas en inglés y alemán, cálculos de diseño, costeos, cotizaciones, entender las operaciones de los clientes a los que les íbamos a ofrecer esas primeras máquinas. Era mi primera experiencia, y también la de ellos, porque querían incursionar en tratamiento biológico de efluentes industriales y solo sabían de tratamiento físico. Ellos necesitaban que yo supiera tanto como ellos, y yo necesitaba que ellos me entendieran la parte científica para que todo funcionara. Fue una experiencia única.
Eso me abrió la puerta a otras industrias, aunque de una forma curiosa. Mi CV decía carrera científica, y eso era raro para roles de procesos o ingeniería. Tuve millones de rechazos. Lo que me ayudó fueron tres cosas, la experiencia que ya había acumulado, especializaciones bastante competitivas para esa época, y algo que quizás era poco común en perfiles de base científica, la facilidad para conversar en cualquier nivel, con el operario, con el ingeniero, con el comercial, con los dueños de la empresa.
De ahí crecí muchos años en el mundo corporativo, no solo en Perú, en toda América Latina, viajando bastante por el rol que tenía. Fabricación de equipos, plásticos, pesca, agro, acuicultura, consumo masivo, energía. Y ahí llegaron los primeros miedos de verdad.
Después vino cooperación internacional, y ahí volvió el miedo, de nuevo. Fue intensa, me sentí motivado con un entusiasmo que uno cree que ya no le va a volver a dar, pero tuve que adaptarme a un mundo que hablaba en otro idioma. Otra forma de medir el éxito, otra manera de entender qué es impacto de verdad. Conocí un mundo de propósito, de alcance, de relación, con el que sigo conectado hasta hoy.
Y luego, desarrollo de negocios. La forma que encontramos de hacerlo fue trabajar junto con los fundadores, luego asociarnos o invertir. Hemos pasado crisis juntos, hemos pasado buenas rachas, hemos cerrado negocios, y sigo explorando nuevas oportunidades de inversión y desarrollo de negocio. Nunca fue una aproximación académica, siempre fue metiendo las manos.
Cada vez que miro estas etapas juntas pienso en esa idea de Steve Jobs en su discurso de Stanford, que uno no puede conectar los puntos hacia adelante, solo mirando hacia atrás. Cuando empezaba en cada una de ellas no tenía idea de que la anterior me iba a servir para algo. También pienso en algo que plantea David Epstein en su libro “Range”, esa tensión entre especializarse muy joven o mantenerse generalista, tocando mundos distintos antes de encontrar dónde encajan. Yo fui claramente de lo segundo, y durante años sentí que eso era más un defecto que una ventaja.
Hoy toda esa experiencia acumulada me permite trabajar con fondos de impacto, agencias de cooperación, ONGs, incluso con empresas que quieren desarrollar cadenas de suministro en territorio. Con todos ellos hago tres cosas. Primero, company building, ayudarlos a desarrollar sus negocios y sus capacidades empresariales. Segundo, levantar fondos con ellos o invertir en ellos, porque no se puede depender solo de financiamiento no reembolsable. Tercero, programas de fortalecimiento, no solo con los emprendedores, también con profesionales en toda la región, en programas de MIT, en universidades de Centroamérica, de Colombia, y en otras partes del mundo donde comparto esto.
Y ahora viene, quizás, la transformación más reciente. Con Lorenzo, mi socio, nos preguntamos cómo podíamos hacer todo esto mejor, y entramos fuerte al tema de inteligencia artificial. Hoy somos Claude Network Partners, algo que le da legitimidad a nuestra inmersión en el mundo de la IA en la región, porque nos metimos de lleno a desarrollar soluciones basadas en IA, ya no solo Excel, words o asesoría tradicional, para que estos procesos sean más ágiles, más robustos, más eficientes. Con toda la experiencia acumulada detrás, la IA se está volviendo un aliado bastante estratégico.
Les cuento esto porque seguramente varios de ustedes están afrontando lo mismo. Que en su empresa se habla de recortes. Que todo apunta a hacerse con IA. Que hay demasiados cursos y no se entiende bien por dónde empezar, y esto no es solo cosa de los más jóvenes, también de los que ya tienen años en su carrera y sienten que este tema les cuesta. Cómo me reinvento para seguir siendo competitivo. Cómo evito que alguien me quite oportunidades solo porque dice que sabe de IA, cuando yo puedo incorporarla y hacerlo incluso mejor.
La IA está acelerando esa reinvención, y con eso también la ansiedad y el temor que vienen con los cambios profundos. No sé si lo mío es un caso de éxito, pero creo que sí es un ejemplo de cómo viví esas transformaciones y traté de sacar lo mejor de ellas, conectar los puntos de lo ya aprendido, y sobre eso, sumar capacidades nuevas.
Si están afrontando algo así, con dudas, con preocupación, estoy feliz de conversarlo. Lo he hecho con varios, no solo jóvenes, también colegas, amigos, personas mayores, hablando de cómo cambiar el chip y hacer nuestras las nuevas tecnologías, para ser incluso mejores que antes.
No creo que esta sea mi última transformación. Seguramente vienen más. Lo único que puedo decir es que hoy le tengo bastante menos miedo a eso que antes.
Nos vemos pronto,
Eddie




