Reflexiones incómodas sobre la madurez del ecosistema ClimateTech en Perú
Ayer salí de uno de esos eventos de ecosistema que raramente superan las expectativas. Este lo hizo. La conversación sobre las ESOs fue super ámplia y hay mucho por conversar, pero en algún todo derivó hacia los programas de Investment Readiness y, en algún momento, se me vino una analogía que no pude sacudir de la cabeza:
Los programas de Investment Readiness son como las academias preuniversitarias que te preparan un verano para entrar a medicina en una universidad nacional.
No lo digo de mala manera. Lo digo porque es estructuralmente cierto.
Una “pre” no está diseñada para cerrar las brechas que no se resolvieron en la primaria ni en la secundaria. Puede tener los mejores profesores, el mejor contenido, la mejor metodología. Aun así, no puede hacer en semanas lo que requiere años. Y nadie que opera con honestidad te diría lo contrario.
Lo mismo ocurre con el Investment Readiness en el contexto de startups climáticas (de impacto en general) en Perú.
¿Son malos los programas de Investment Readiness?
La respuesta honesta es: depende de cómo se aplican, y casi siempre no se aplican bien (aunque hay excepciones).
Cuándo hacen daño: El mayor riesgo no es que el programa sea mediocre. Es que genere en el fundador una falsa percepción de estar listo para recibir capital cuando lo que realmente necesita es un diagnóstico honesto que lo mande de vuelta a revisar lo básico. Los emprendedores con verdadero grit no necesitan ser protegidos de esa verdad. La valoran. Lo que no valoran es que les roben tiempo con una experiencia que los hace sentir avanzados sin serlo.
Cuándo generan valor: Siempre hay fundadores que participan con una mentalidad distinta: van a explorar, a ver qué viene después, a adelantarse al pelotón. Para ellos, pasar por un Investment Readiness sin estar del todo listos es una inversión en perspectiva. Y para las startups que sí están listas, estos programas son exactamente lo que necesitan: un espacio para pulir narrativa, modelo financiero, diligencia y pitch ante capital real.
El problema no es el programa. Es que rara vez se hace la distinción.
El autoengaño institucional: cómo los criterios se relajan solos
Aquí está el nudo que nadie del ecosistema quiere tocar en público.
Cuando se formula un programa de Investment Readiness, los objetivos son claros y rigurosos. Pero algo pasa en el camino:
Al conseguir el presupuesto, los criterios se ajustan.
Al convocar startups, los criterios se ablandan.
Al seleccionarlas, los criterios se negocian.
Al conectarlas con fondos, los criterios casi desaparecen.
Y así llegamos a la frase que resume todo el problema: “Que participen aunque no estén listos, seguro les va a servir de algo.”
Esa frase es el síntoma más claro de un ecosistema que prioriza la apariencia de movimiento sobre el impacto real. Y lo entiendo —organizativamente es muy difícil decirle no a una startup con un fundador motivado y una idea que parece buena—, pero esa complacencia tiene un costo que el ecosistema no está contabilizando.
Las preguntas que nadie hace en voz alta
Me gustaría lanzar dos preguntas directas, con nombres propios en la cabeza aunque no los escriba aquí:
A los fundadores que pasaron por programas de Investment Readiness en Perú: ¿Levantaron capital? ¿El aprendizaje fue realmente nuevo o era contenido que ya conocían? ¿Lo más valioso fue el networking? ¿Lograron implementar las recomendaciones técnicas que recibieron?
A los fondos de impacto que repiten aparición en estos programas: ¿Han invertido efectivamente en alguna de las startups que conocieron en estos espacios? ¿Recuerdan algún programa donde encontraron propuestas realmente cerca de sus criterios de inversión?
No pregunto para destruir. Pregunto porque sin datos, seguimos repitiendo el ciclo.
El diagnóstico real: un problema de cadena, no de eslabón
El Investment Readiness no es la causa. Es el último eslabón de una cadena que tiene problemas antes.
El ecosistema peruano —y latinoamericano en general— enfrenta una paradoja estructural: los fondos de impacto que operan en la región suelen tener entre 3 y 7 tickets de inversión para distribuir en todo Latam (excluyendo Brasil, que opera en otra liga). Con esa restricción, incluso un pipeline de calidad tiene chances limitadas.
Pero el problema no empieza ahí. Empieza antes:
Incubadoras → forman startups sin los mínimos verificables Aceleradoras → aceleran empresas que aún no tienen qué acelerar Investment Readiness → pule propuestas que no tienen los fundamentos Fondos → reciben deal flow que no cumple sus criterios básicos
Mientras no elevemos la exigencia en cada etapa, el Investment Readiness seguirá siendo una “pre” para candidatos que aún no terminaron la secundaria.
Y aquí está lo que sí creo: los fundadores de startups climáticas en Perú tienen el potencial. Lo que falta no es motivación ni ideas. Es acceso a herramientas, procesos y métricas verificables desde etapas tempranas. No startups con fundadores carismáticos y decks bien diseñados, sino empresas con datos ordenados, modelos validados e historiales que resistan la diligencia.
Lo que viene
Desde Redesign Lab Lab estamos trabajando en algo que parte exactamente de ese diagnóstico.
Lorenzo Ortiz y yo hemos desarrollado una plataforma diseñada para democratizar el acceso a las herramientas que hoy solo tienen quienes conocen a alguien en el ecosistema: recursos, metodologías, comunidad y orientación para que cualquier ciudadano pueda iniciar su camino como emprendedor de impacto —desde cero, con orden, con criterio.
No es otro programa. Es infraestructura.
Más detalles muy pronto.
¿Pasaste por un programa de Investment Readiness en Perú? Me interesa mucho tu experiencia. Escríbeme o deja un comentario.
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