¿Sabes de qué hablamos, realmente, cuando hablamos de innovación abierta corporativa?
No es una pregunta retórica. Es la pregunta que casi nadie se hace antes de subirse a la ola. El término se volvió tan cómodo de usar, en un evento, en un panel, en el LinkedIn de una gerencia de innovación, que dejó de exigir una respuesta concreta. Suena bien, suena a futuro, suena a que las puertas están abiertas para cualquier startup con una buena idea y ganas de trabajar con una empresa grande.
Vamos a ver de qué se trata en realidad. Y una primera pista, antes de entrar en datos: en el Perú, la innovación abierta no es tan “abierta” como su nombre lo sugiere. Está muy concentrada, en pocos sectores, pocas empresas y startups en una etapa muy específica de madurez. El mundo, como vamos a ver, se mueve distinto. Entonces vale la pena preguntarse: ¿existe una oportunidad real de impulsar la innovación abierta en el Perú? ¿Qué necesitamos para lograrlo, y para que se convierta en una oportunidad concreta tanto para las startups en etapa temprana como para las industrias del país?
Reflexión
Empecemos por separar tres cosas que el discurso general mete en la misma bolsa, aunque tienen lógicas de negocio distintas:
Corporate Venture Capital (CVC): la empresa invierte capital, típicamente entre 10% y 25% de participación, en startups que ya existen y ya tienen tracción comercial.
Venture clienting: la empresa se convierte en cliente de la startup, comprando su producto o servicio, sin tomar participación accionaria. Es, en el fondo, ser un proveedor con un nombre más elegante.
Aceleración o incubación corporativa: programas de mentoría, espacio de trabajo, a veces capital semilla, dirigidos en teoría a etapas más tempranas del emprendimiento.
El error que comete buena parte del ecosistema, sin mala intención en la mayoría de los casos, es tratar estos tres mecanismos como si fueran intercambiables. Y no lo son. El más grande de los tres, el CVC, es también el que más ha cambiado de propósito en los últimos años: cada vez funciona menos como fomento puro a startups tempranas y más como un mecanismo para identificar y madurar candidatos de adquisición.
Eso cambia todo lo que deberías esperar de él.
El Caso
PERUMIN Hub, el programa de innovación abierta más grande del sector minero en el Perú, impulsado por el Instituto de Ingenieros de Minas del Perú (IIMP), es transparente sobre esto de una forma que pocos programas lo son. Su línea principal de trabajo, “Innovaciones que despegan”, está dirigida explícitamente a innovaciones que ya cuenten con un prototipo validado en campo, o que acaban de validarse con resultados favorables en una empresa minera.
No busca ideas. Busca soluciones que ya funcionaron una vez y necesitan la segunda oportunidad.No es un defecto del programa. Es una decisión coherente con el apetito de riesgo que puede asumir una empresa minera. Pero es también la evidencia más clara, y menos citada en el discurso genérico, de cómo funciona realmente la innovación abierta corporativa cuando se hace en serio: es un mecanismo de maduración tardía, no de descubrimiento temprano.
En su convocatoria más reciente, PERUMIN Hub recibió 83 postulaciones de proyectos de 14 países. Seis de los proyectos ganadores viajarán en 2026 a integrarse al ecosistema de innovación europeo, junto a socios internacionales como el Centro Nacional de Pilotaje de Chile, Austmine de Australia y CEMI de Canadá. Es una vitrina global de primer nivel. Lo que no es, es un mecanismo pensado para captar al emprendedor que recién está validando su idea.
El mismo patrón se repite fuera de la minería, y eso es justamente lo interesante: no es un vicio de un sector en particular, es cómo se diseña el mecanismo, lo use quien lo use. Alicorp, la multilatina peruana de consumo masivo, con más de 150 marcas y operaciones en diez países de la región, lanzó junto a UTEC Ventures el programa “Alimentación del Futuro” para conectar con startups de foodtech. El criterio de entrada, dicho de forma explícita en la propia convocatoria, era buscar equipos con “una solución innovadora y escalable, que esté al menos a nivel de prototipo e idealmente con tracción dentro de un mercado latinoamericano”. Otra vez el filtro de madurez aparece como condición de entrada, no como resultado que el programa se propone construir.
Y en el terreno del capital, no del piloto, Krealo, el brazo de Corporate Venture Capital de Credicorp, el grupo financiero más grande del Perú, ilustra el mismo punto desde el otro extremo del espectro. No busca ideas para incubar. Busca fintechs ya en operación con las que asociarse, invertir o eventualmente adquirir. Su portafolio incluye a Culqi y Wally en Perú, Tenpo en Chile y Tyba en Colombia, y ha ejecutado adquisiciones directas como Joinnus y Samishop. Tres sectores distintos, tres empresas genuinamente peruanas o regionales, no filiales ejecutando la agenda de una matriz extranjera, y el mismo criterio de fondo: la puerta de entrada exige haber demostrado ya que la solución funciona.
¿Y en qué sectores se concentra?
Vale la pena detenerse aquí, porque la respuesta cambia según la escala desde la que mires.
A nivel global, el CVC no está concentrado en un puñado de industrias exóticas. Está bastante repartido entre los sectores de siempre: tecnología, salud, servicios financieros, energía, industrial, consumo y transporte aparecen todos entre los verticales activos, según el reporte World of Corporate Venturing 2026 de Global Corporate Venturing, que reúne datos de cerca de 400 unidades de CVC en el mundo. Lo que sí está muy concentrado es el destino del dinero dentro de esos sectores: la inteligencia artificial capturó el 26% del valor total invertido en 2025, con apenas el 7% del volumen de transacciones. Pocas apuestas, pero enormes, en cualquier sector que toque IA. Farmacéuticas como Sanofi volvieron a invertir con fuerza en salud, con US$625 millones adicionales a su brazo de venture capital, y la tecnología industrial también ganó terreno.
En Perú, la concentración es mucho más angosta y tiene nombre propio: minería (PERUMIN Hub), servicios financieros (Krealo, en un ecosistema fintech que sigue siendo, según el Radar Fintech Perú 2024 de Finnovista, uno de los verticales más dinámicos del país) y, en menor medida, consumo masivo y alimentos (Alicorp con UTEC Ventures). No es casualidad. Son los sectores con más capital disponible, más presión competitiva regional y, en el caso de la minería, más urgencia por resolver problemas operativos costosos.
Lo que casi no aparece son los sectores productivos que sostienen buena parte de la economía real del país: agroindustria, pesca, acuicultura, manufactura no minera. El sector agroexportador peruano, por ejemplo, superó los US$15,000 millones en exportaciones en 2025, un récord histórico, y sin embargo no tiene un programa de innovación abierta con la visibilidad o el respaldo institucional de un PERUMIN Hub o un Krealo. De esa brecha hablamos en la siguiente edición.
La Cifra
Los números globales cuentan exactamente la misma historia, desde otro ángulo y a otra escala:
El CVC mundial movió US$65,900 millones en 2024, un incremento del 20% respecto al año anterior. Pero el número de transacciones cayó a su nivel más bajo desde 2018 (CB Insights, CVC Trends 2024). Más dinero, en menos apuestas, mucho más selectivas.
El 22% de todo el capital de venture capital global en 2025 ya fluye a través de brazos corporativos, frente al 15% de hace apenas tres años (NVCA, 2025). El CVC no se está reduciendo, se está volviendo dominante, aunque de forma cada vez más concentrada en menos jugadores.
El apetito por etapas tempranas no desapareció del todo: el 34% de las rondas con participación corporativa en 2025 ocurrieron en etapa semilla, un patrón que se mantiene desde 2022 (Global Corporate Venturing, World of Corporate Venturing 2026). Es una nuance importante frente a lo que muestran los programas peruanos revisados arriba: el filtro de madurez que describimos no es una ley universal del CVC en el mundo. Es, sobre todo, la forma en que se está diseñando hoy en nuestra región.
Al mismo tiempo, entre 2023 y 2024 el 89% de las adquisiciones de startups ocurrieron antes de la ronda Serie C, frente a un promedio de 78% entre 2014 y 2019 (iCapital, Late-Stage Venture Capital). Este dato describe al mercado de venture capital en general, no exclusivamente al CVC, pero apunta en la misma dirección: cada vez más, la inversión temprana funciona como antesala de una compra, sea quien sea el que compra.
A nivel regional, mientras el CVC mundial se profesionaliza y se concentra, el capital de riesgo peruano cayó de US$124 millones en 2021 a apenas US$47 millones en 2024 (PECAP), con el 100% del capital proveniente de inversionistas internacionales ese último año.
No es solo que el club sea exclusivo en el mundo. En Perú, además, el club casi no tiene mesa propia.
La Lección
Antes de asumir que un programa de innovación abierta es una oportunidad real para tu startup en etapa temprana, o antes de que tu empresa apueste su narrativa de innovación a un solo mecanismo sin entender sus reglas, vale la pena hacerse tres preguntas de diagnóstico:
¿El programa pide un prototipo ya validado, o acepta una idea en desarrollo? Si pide validación previa en campo o en cliente, no es un mecanismo de descubrimiento temprano. Es un filtro de maduración, y probablemente el criterio de selección más honesto que puedes encontrar sobre quién califica.
¿El objetivo declarado es explorar tecnología, o en el fondo, encontrar candidatos de adquisición? Rara vez lo van a decir así de directo en la convocatoria. Pero la estructura del programa lo delata: el tamaño del cheque, la duración del acompañamiento, si hay equipos de M&A o de compras estratégicas sentados en el comité de evaluación.
¿Estoy frente a una oportunidad de negocio real, o frente a un espacio de networking bien empaquetado? Un evento donde se intercambian ideas y contactos tiene valor. Pero es un valor distinto al de un mecanismo que puede terminar en un contrato, una inversión o una adquisición. Confundir uno con el otro es la fuente más común de frustración, tanto para quien organiza como para quien participa.
Cierre
Nada de esto es un llamado a desconfiar del CVC ni de los programas serios de innovación abierta. Al contrario. Si el capital inteligente lo está haciendo, con ese nivel de rigurosidad y esa selectividad creciente, es porque encontró ahí un valor real. Lo que pasa es que ese apetito de riesgo es mucho más bajo de lo que el discurso genérico deja entender. Prefieren lo que ya funciona, para probarlo, incorporarlo o comprarlo directamente, antes que apostar por una idea o un concepto todavía en construcción.
Y eso está bien. Solo que no es lo que muchos emprendedores en etapa temprana, ni muchas incubadoras que trabajan con ellos, creen que es cuando escuchan la palabra “innovación abierta”.
Hay, sin embargo, otra forma de leer esta misma concentración, y es la que más nos interesa dejar planteada al cierre de esta edición: si el mecanismo funciona tan bien para el puñado de sectores y empresas que ya lo dominan, ¿qué se necesitaría para masificarlo? La pregunta no es retórica ni ingenua. Hay desafíos concretos detrás (de capacidades, de gobernanza, de diseño de programas) y también hay recomendaciones concretas que ya se han probado en otros contextos y que podrían adaptarse aquí. De ambas cosas, los desafíos y las recomendaciones, hablamos en la siguiente edición.
Antes de eso, hazte la pregunta la próxima vez que escuches el término: ¿a qué se refiere exactamente esta convocatoria? ¿Es una oportunidad real de negocio, con capital o contrato de por medio, o es más bien un espacio para hacer networking e intercambiar ideas, sin que eso se traduzca todavía en algo concreto? Puede ser cualquiera de las dos cosas, y ambas tienen valor. El problema no es participar en la que no corresponde. El problema es no saber en cuál estás.
Nos vemos en la siguiente edición para conocer la segunda parte del análisis.
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Eddie



