En el bloque que promovió Wyss Academy for Nature se repitió un dato que ya casi todos conocemos: un árbol de castaña tarda unos 40 años en ser productivo. Se usa, con razón, para dimensionar el riesgo de no trabajar el bosque de forma regenerativa, porque lo que se tala hoy no se recupera en una generación. Estoy totalmente de acuerdo, pero me quedé con el mismo dato para hacerme otra pregunta: ¿podemos darnos el lujo de demorar 40 años en construir bionegocios rentables que generen desarrollo en el territorio?
Creo que no. Con la misma urgencia con que cuidamos el bosque tenemos que construir bionegocios sólidos, que no se caigan cuando se terminan los fondos que los impulsaron. De eso escribí la semana pasada, y en la Cumbre lo vi desde otros ángulos.
Los bioinsumos compiten en un mercado que ya existe
Otro tema del bloque fue el negocio de los bioinsumos en los territorios. Aunque suene apasionante, un bioinsumo es un insumo agrícola y compite en el mercado de insumos agrícolas. Parece obvio, pero ese dato explica buena parte de los desafíos que enfrentan estos emprendimientos:
los márgenes son ajustados;
muchos agricultores no tienen prácticas preventivas, y el bioinsumo funciona mejor cuando se usa antes de que aparezca el problema;
falta capacidad técnica en el campo para manejarlos bien;
la oferta de insumos convencionales es amplia y a precios competitivos;
y el modelo de asistencia técnica que necesitan para que el agricultor los adopte es caro.
¿Cómo compite entonces un emprendimiento de bioinsumos? No tengo la respuesta cerrada, pero creo que pasa por repensar el modelo de negocio y buscar otras formas de capturar valor, en vez de competir solo por precio contra el insumo convencional. Si tienen casos de emprendimientos que lo estén logrando, me encantaría conocerlos.
Consultores formados en el territorio
Lo que más me gustó del bloque fue el modelo de la incubadora de Wyss, con servicios de desarrollo empresarial de Swisscontact. Identificaron profesionales que ya trabajaban en empresas de la región y que tenían potencial para ser consultores, y los formaron para que den servicios a los bionegocios de Madre de Dios.
Me parece una buena respuesta a uno de los desafíos que mencioné arriba, el costo de la asistencia técnica: el conocimiento se queda en el territorio, con gente que conoce la zona y que va a seguir ahí cuando termine el proyecto.
Lo que me gustaría ver en la próxima Cumbre
Me quedo con algo muy positivo: el ecosistema se ve cohesionado. Son relaciones que se vienen fortaleciendo, personas que han madurado su conversación, y eso es muy necesario.
Al mismo tiempo, me quedé con una pregunta dando vueltas. Sentí que esta vez hubo menos participantes que en otras ediciones, quizá por la cantidad de eventos de estas semanas. En un espacio donde casi todos se conocen y somos menos, ¿el ecosistema está creciendo o está madurando? Seguramente está madurando, pero también necesitamos que crezca, que se abra y que converse más gente que no se conoce.
Y siento que hay una oportunidad para sofisticar la conversación. Los temas no estuvieron mal, pero a ratos volvimos a conceptos generales, cuando el ecosistema peruano de inversión de impacto ya no es incipiente y tiene años de aprendizaje acumulado. Me gustaría ver más casos reales, con los cuidados del caso y anonimizando lo que haga falta: empresas que cuenten qué producto financiero recibieron y qué les costó acceder a él, y fondos que, además de su tesis, cuenten en qué invirtieron, qué desafíos tuvieron y qué ven venir.
Lo digo porque quienes conversamos con fondos nacionales e internacionales sabemos que el proceso se ha vuelto más riguroso. Hoy no se coloca dinero como hace tres años, ni siquiera el no reembolsable, y mucho menos el crédito. Esos criterios nuevos son justamente lo que un emprendedor necesita conocer para prepararse, y casi no aparecen en los espacios abiertos. Lo que los fondos necesitan son más empresas preparadas para recibir financiamiento, y eso se construye compartiendo lo que funcionó y lo que no, para que quienes recién llegan al ecosistema no se lleven las ideas de hace tres años.
De esos criterios escribo en la próxima edición de esta serie: qué tiene que estar resuelto en un bionegocio antes de sentarse con un fondo.
¿Ustedes estuvieron en la Cumbre? Me interesa mucho saber con qué se quedaron.



